En Plázida decimos que somos un coworking líquido. A algunos les puede sonar raro, a otros demasiado abstracto. Pero es cierto, ¿sabes por qué? La verdad es que el nuestro es un coworking forjado sobre ideas, pero no ladrillos. Lo más sólido que tenemos son los valores: el de la calma, la consciencia, la cooperación… La capacidad de afrontar el trabajo como la vida personal, con pasión, fortaleza, creatividad y pasito a pasito, aprovechando al máximo la experiencia del presente. La rutina lenta pero plena, donde el más mínimo detalle se disfruta al máximo. Eso que llaman slow-life, ¿te suena?

Somos más de crear ambientes que de crear lugares de trabajo. Por eso hablamos de «espacio mental». Entendemos esto como el ambiente propicio para el desarrollo personal y profesional. Creemos que el ingrediente clave para tener calidad de vida es encontrar el balance entre ambas esferas. «¿Buscas una oficina?» no es la pregunta a la que queremos responder. Nuestro servicio no es un catálogo de oficinas, es más bien un surtido de alternativas —entre ellas varios espacios físicos— que, juntas o por separado, pueden convertir el paso de cualquier nómada digital por Madrid en una de sus mejores experiencias alrededor del mundo.

Irene y Miguel, los anfitriones de Plázida, viven en Madrid, pero son nómadas digitales en sus adentros. Por eso nuestro coworking no es un coworking al uso. Como las personas que comparten con nosotros su paso por aquí, somos «location agnostic» o «location independent». Si somos dependientes de algo, es de la experiencia, del conocimiento, del sentimiento. Somos adictos al camino, no al destino.

Como apuntan en Business, el coworking surgió en San Francisco como un estilo de trabajo alrededor de 2005. Una forma alternativa de abordar los retos de los trabajadores freelance, que no tenían fácil acceso a redes profesionales y/o sociales. A pesar de ser independientes, tenían la necesidad de interactuar con otros profesionales tanto dentro como fuera de su sector. Aspiraban a un equilibrio entre el ámbito laboral y la vida privada, pero sin renunciar al networking, por ejemplo. Por tanto, como vemos, el coworking no se refiere ni conceptualmente a un sitio físico. Piénsalo bien, lo que todos buscamos es, al final, un entorno amable y óptimo para trabajar sin renunciar a nuestras necesidades más personales. Si has llegado a la misma conclusión, ponte en contacto con nosotros y disfruta de un pase de 24h gratuito en el único coworking líquido de la ciudad.