El nomadismo digital no es el último capricho de los milenials, sino una auténtica filosofía de vida. No es una moda pasajera, sino una tendencia que está marcando el inicio del futuro laboral. El nómada digital es la consecuencia natural del «capitalismo cultural», la «economía de la experiencia» y la «era del acceso». Es pionero en un mercado de trabajo obsoleto y en un inevitable proceso de transformación.

Trabajar apenas unas horas al día, frente a la orilla del mar y con un cóctel en la mano. Llevar una vida ociosa, donde la suerte juega un papel principal y el esfuerzo brilla por su ausencia. «Vivir de internet», como en ocasiones se dice de manera peyorativa… A menudo esa es la imagen que los medios de comunicación ofrecen del nómada digital. Pero no es más que una descripción simplista, anecdótica y oportunista.

El nomadismo digital es en realidad una filosofía de vida que se rige por los valores de la libertad, la independencia, el desapego a lo material y el culto a la experiencia. Es una mentalidad guiada por un espíritu emprendedor y aventurero. Nómada digital es aquel que no se deja llevar por lo establecido, quien decide seguir su propio camino. Es un inconformista, un outsider, la resistencia al FOMO («fear of missing out» o miedo a perderse algo). Carpe diem y wanderlust en estado puro.

Es así porque la tecnología se lo permite. Por tanto, un nómada digital no es otra cosa que el heredero del tiempo que le ha tocado vivir. Quien aprovecha las ventajas de internet y los avances tecnológicos para construir su propia vida independientemente del lugar donde se encuentre. El portátil es una de sus pocas posesiones y no tiene problemas para cerrar la maleta, pues lo que más aprecia no ocupa lugar, es la experiencia. Su objeto más preciado es el pasaporte y no colecciona imanes, tiene presente cada destino por las personas a las que conoce.

Si nos referimos al nómada digital como bon viveur lo haremos porque es dueño de sus decisiones, porque vive como quiere. Pero no es justo caer en la idea de que solo obedece a los impulsos del placer. De hecho, los nómadas digitales que eligen los espacios de Plázida para trabajar a su paso por Madrid suelen ser profesionales exigentes. Destacan en su área y ofrecen servicios de altísima calidad. Son incansables tanto en el terreno laboral como en el personal. Son los que nunca fallan a nuestro grupo de mastermind y los primeros en apuntarse al GuiriDrink. Son independientes pero participan de forma muy activa en la sociedad.

En su obra «La era del acceso: La revolución de la nueva economía» (2000), el pensador Jeremy Rifkin asegura que esta nueva era —que ya es presente, por cierto— también trae consigo «un nuevo tipo de ser humano». La descripción que hace de esta nueva conciencia humana encaja con la mentalidad del nómada digital:

Para ellos el acceso es una forma de vida y aunque la propiedad es importante, aún lo es más estar conectados. Las personas del siglo XXI se perciben a sí mismas tanto como nodos insertos en una red de intereses compartidos como agentes autónomos en un mundo darwiniano de supervivencia competitiva. Para ellas la libertad personal tiene menos que ver con el derecho de posesión y la capacidad para excluir a otros y más con el derecho a estar incluido en las redes de interrelación. 

La profecía de Rifkin se está cumpliendo. El nomadismo digital se está extendiendo. El futuro laboral se parecerá más a ello que al presentismo vigente. La moneda de cambio será nuestro pensamiento creativo. El punto de encuentro empezará siempre en la Red. Lo más frecuente será el no-lugar que anticipó Marc Augé, pero todo será más intenso que nunca. La decisión es solo tuya.